¿A QUIÉN AGRADAMOS?

¿Ganar el reino de Dios, requiere bajarse e igualarse al mundo para que muchos crean?  ¿Por qué mataban a los profetas y predicadores? ¿Ganaban puntos para Dios o para el hombre? Iglesia contaminada, religiosos e hipócritas, jugamos a ser dioses juzgando, y pretendiendo ganar almas con nuestras propias fuerzas, si tenemos un Dios poderoso, ¿Por qué dudamos de él, acaso lo sabemos, pero por nuestro beneficio pretendemos callar? ¡Todo es una contradicción! La mayoría del pueblo está contaminando en falsas doctrinas, en beneficios propios poniendo el lugar de Dios a un lado. ¿Cuál es la verdad? ¿Cuál es el discernimiento, que Dios ha puesto en nuestros corazones a través del Espíritu Santo? “lo bueno lo volvemos malo y lo malo bueno” ¿hasta cuándo callará la iglesia de Cristo? Sí realmente queremos una estrategia dejemos que nuestro Dios nos las de pero no inventemos ni hagamos nada con nuestra fuerza y más cuando Dios tiene un plan lo hace y nada ni nadie podrá destruir.

“El Señor Todo Poderoso es su Nombre”… ¿Por qué creen los incrédulos? Jesús hizo milagros para que muchos crean en él. No habló con rodeos, sino con la verdad, si la verdad no la sacamos a la luz, si somos pasivos, hablamos pasito para no asustar las personas, o peor aún hablamos como el mundo y no con la sabiduría para que un creyente no se pierda o para que un incrédulo conozca y se arrepienta, no estamos haciendo nada para el reino de Dios. Es necesario volver al evangelio que Jesús predicó para entender que el no hizo nada por vanagloria, codicia o aceptación de los hombres, todo lo contrario el mismo decía que no venía a predicarse a sí mismo, si no la voluntad del Padre.

Una cosa es volvernos amargados y tradicionales y otra cosa es hacer las cosas por agrado a los hombres y no a Dios. Las dos cosas en extremo no está bien y la idea no es criticar cada obra o plan que existe para conquistar los corazones de los incrédulos, todo lo contrario es para que examinemos y encomendemos cada obra o plan en las manos de Dios y más porque Él está cansando de tantas blasfemias, falsedades, de que le alcemos sus manos manchadas de sangre y de que su pueblo se prostituya no solamente físicamente sino espiritualmente. Así que ¿Dónde está su corazón? si por nuestros frutos nos conocerán ¿Cuál es su fruto? ¿Su testimonio habla más que mil palabras? ¿Cuántas almas hemos sembrado y por cuántos hemos luchado para que no se aparten de la salvación? es momento de recapacitar y pedirle a Dios que nos exhorte hasta los errores más ocultos, para que no manchemos o ensuciemos lo que Jesús ha hecho por su iglesia y así mismo muchos puedan creer y cambiar su manera de vivir.

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