LA HUMILDAD NOS ACERCA A DIOS

ESTE PASAJE NOS COMPARTE UN MENSAJE TANTO PARA LOS QUE YA TIENEN ESA RELACIÓN CON DIOS COMO PARA LOS QUE SOLO CREEN PERO NO LO CONOCEN

“A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido” Lucas18: 9-14.


LOS PECADORES


¿Pecador? Confiesa que eres un pecador y arrepiéntete, Dios escucha al pecador y más porque Jesús vino a salvar a los que se habían perdido (Mateo 18-11) cuando estamos humillados, de rodillas ante Dios y aceptamos que hemos fallado, estamos aceptando que necesitamos de Dios y queremos ser nuevas personas, aquellas que quieren ser diferentes y dejar de pecar porque no es justificable pedir perdón y seguir cometiendo los mismos pecados abominables ante los ojos de Dios.


CREYENTES Y JUSTOS


Dios es claro en su palabra al enseñar que no debemos menospreciar a los demás por el hecho de que son pecadores, en muchas ocasiones como iglesia de Cristo, hemos caído en las artimañas del enemigo mirando el crecimiento de los demás y no miramos el nuestro, y si lo hacemos es  para vanagloriarnos y criticar a otros. Es importante como creyentes e Hijos de Dios ser humildes, aprender de la palabra de Dios para enseñar a otros en amor no para condenar y que sea Dios exhortándonos si llegamos a cometer o tener errores ocultos que a Dios le desagrada, entre estos la soberbia, falta de amor, falta de perdón y algunos frutos de la carne, que en vez de acércanos a Dios nos está alejando de la verdad, de la salvación y del espíritu de Dios, poniendo en segundo plano a Dios.

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